Es necesaria la contraposición a la ciencia para una integración étnico- cultural?
Dos elementos de discusión clave se reúnen los comentarios impartidos alrededor de la realidad del manejo de Cochasqui. La posición en defensa de la difusión de un conocimiento formal y académico sobre un sitio arqueológico. Segundo una defensa de la visión romántica de, ¿a quien le pertenece el pasado?. Este último punto trae a discusión la tan criticada arqueología indigenista del primer mundo y su sentimentalismo por el buen indígena y a su vez una clara intención de realzar la importancia de la cientificidad detrás de un discurso anticolonialista.
A razón del editorial de esta página, en el cual se ha comentado de forma extensa sobre la relevancia de la arqueología nativa, es necesario aclarar, de acuerdo a varias conversaciones y reuniones con algunos artífices de la Arqueología Indigenista en la Costa Oeste de Canadá; la Arqueologia Indigenista está basada en una apertura a la compresión de otros saberes no- académicos para la práctica de una arqueología rigurosa y tan formal como la procesual, que también constituye la escuela de preparación de muchos arqueólogos indigenistas. Su objetivo principal: que las comunidades negocien con el arqueólogo como hacer la investigación, un cambio de métodos y técnicas que mejor expresen sus memorias colectivas, y finalmente que las explicaciones arqueológicas sean llevadas al público a través de los descendientes de los grupos que fueron oprimidos por un proceso de colonización. Para que el último objetivo sea realizado, un elemento clave es la preparación académica de los indígenas como arqueólogos, bajo instituciones reconocidas y que validen sus explicaciones. En el fondo la llamada arqueología Indigenista ha tenido un gran éxito por la necesidad de reconocimiento económico y político de los grupos indígenas en las naciones canadienses y estadounidenses. Los arqueólogos indigenistas inician su labor en la repatriación de tierras para las comunidades indígenas. Esto se entremezcla con una visión del arqueólogo no-indígena que observa a los llamados nativos como los otros, con mayor conexión a la tierra y los saberes del pasado, en un razonamiento claramente esencialista, pero que funciona a nivel mundial con gran eficacia en el ámbito de reconocimiento político de los post-colonizados.
En relación a la formalidad del conocimiento, hay que reconocer que los arqueólogos somos también otro grupo cultural que defendemos aquello para la cual hemos recibido preparación. En la tensión global que se ha desacreditado a la ciencia y se ha justificado genocidios humanos en nombre de lo alternativo es necesario reconocer que la arqueología no puede tomar el extremo de las interpretaciones alternativas y abandonar la defensa a la formalidad académica en la difusión de descripciones sobre los sitios arqueológicos. Esto nos puede llevar a caer en una trampa en la cual, cualquiera, incluyendo coleccionistas y traficantes de la memoria, tengan derecho de difundir sus “interpretaciones alternativas” sobre el pasado y con ello justificar la destrucción de nuestra memoria. Como se ha remarcado en el editorial esta es nuestra memoria, nuestra memoria de mestizo, de andino, de indígena, y de arqueólogos, y por ello es necesario mantener un equilibrio que no puede manejarse desde un regocijo con la mediocridad. La difusión en los sitios arqueológicos nacionales no solo convergen una serie de razonamientos profundamente marcados por su reconocimiento como instrumentos de una representatividad cultural y nacional diferenciada, también se trata de una historia en la cual la arqueología recientemente está logrando un espacio y reconocimiento. Sitios como Cochasqui son parte desarraigado de la comunidad arqueológica, que le ha tocado utilizar una combinación impresionante de recursos interpretativos para el manejo y la difusión sobre el sitio.
¿Es entonces la solución un distanciamiento innecesario de lo que es científico y no, de lo que es autentico y menos autentico, mas esencial que el resto, para compaginar nuestra labor como arqueólogos?.
En este sentido los arqueólogos no podemos negar nuestra posición política, ni tampoco olvidar nuestro quehacer científico. El posmodernismo ha sido considerado un arma política de doble filo que es utilizado para negar explicaciones científicas de profunda importancia para la humanidad, en nombre del descolonialismo. Una compresión tolerante de las interpretaciones alternativas y una defensa ardua de la necesidad de un procesamiento, difusión y discusión de los datos de forma rigurosa puede manejarse como una formula practicada con vehemencia en Ecuador, donde aún los arqueólogos son capaces de discutir el pasado con el coleccionismo y los profanadores de nuestros muertos. Esto no elimina la diversidad de las voces de los diferentes grupos y entidades culturales, nos convierte en veedores de una concordancia entre las memorias y nuestras explicaciones.
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